Hace unos días, un informe del Centro de Control y
Prevención de Enfermedades de Estados Unidos determinó que hasta el 40% de
todos los tipos de cáncer están vinculados a la obesidad. ¿Por qué el hecho de
estar gordo eleva la posibilidad de padecer esta enfermedad?
Hace ya tiempo que se sabe que algunos tipos específicos de
cáncer están relacionados con la obesidad, estos son: tumor cerebral, mieloma
múltiple, tumor de esófago y cánceres de tiroides, mama, vesícula, estómago,
hígado, páncreas, riñón, ovarios, útero y colorrectal.
Muchos de éstos, incluyendo el de páncreas, pecho,
colorrectal, hígado y ovario, están entre los tipos más mortales de cánceres.
El cáncer es una enfermedad compleja, con factores
genéticos, ambientales, clínicos y de estilo de vida, todos los cuales
contribuyen a la iniciación tumoral y a la progresión maligna. El tabaco y la
excesiva exposición al sol son dos de los factores de estilo de vida más
ampliamente estudiados que aumentan mucho y directamente el riesgo de cáncer. Pero
el impacto carcinógeno de la obesidad es casi tan profundo y se está volviendo cada vez más
prevalente, ya que las tasas de obesidad en muchas partes del mundo están comenzando
a eclipsar las tasas de tabaquismo.
Consecuencias de la obesidad que promueven la tumorogénesis
El tejido adiposo de una persona obesa presenta cambios
importantes en la producción de hormonas, adipocinas y citoquinas, así como una
alteración de la infiltración inmune. Aunque numerosos tipos de células inmunes
están presentes en los depósitos de grasa, los macrófagos son especialmente
comunes y sus propiedades son alteradas por la obesidad. Los macrófagos del
tejido adiposo, en depósitos de grasa sanos, se inclinan hacia el fenotipo
antiinflamatorio M2, pero durante la obesidad, los macrófagos pro-inflamatorios
M1 se vuelven más abundantes. Este proceso favorece la proliferación y
supervivencia de células cancerosas.
El tejido adiposo pro-inflamatorio produce citoquinas
promotoras de tumores, así como quimioquinas (también conocidas como citocinas
quimiotácticas). Los altos niveles de estas citoquinas en sangre se encuentran
típicamente en personas obesas.
Además, el tejido adiposo sufre cambios en el metabolismo lipídico, lo que a su vez favorece la acumulación de lípidos.
Además, el tejido adiposo sufre cambios en el metabolismo lipídico, lo que a su vez favorece la acumulación de lípidos.
Cáncer y resistencia a la insulina
La obesidad se asocia con el síndrome metabólico, que
incluye la resistencia a la insulina, diabetes, hipertensión arterial y aterosclerosis. La resistencia a la insulina es una condición fisiológica
definida por células que son resistentes a la acción de la insulina, incluso si
esta se encuentra dentro de una concentración normal. Estas células complican
la correcta absorción y metabolismo de la glucosa, dando lugar a la hiperglucemia,
lo que expone a otras células, incluidas las células malignas, a
concentraciones de glucosa superiores a lo normal.
La obesidad desencadena resistencia a la insulina por
diversos mecanismos, pero actúa principalmente a través de ácidos grasos no esterificados
elevados, también llamados ácidos grasos libres, que surgen de los adipocitos.
Dos importantes efectos promotores de tumores se derivan de
la resistencia a la insulina inducida por obesidad: la hiperinsulinemia y la
hiperglucemia. Las altas concentraciones de insulina, glucosa y ácidos grasos
son fuertes promotores de supervivencia, crecimiento y proliferación celular y
ejercen efectos similares en progenitores tumorales. Las altas concentraciones
de glucosa favorecen el metabolismo de las células cancerosas glicolíticas,
caracterizadas por un alto consumo de glucosa.
La hiperglucemia también aumenta la supervivencia de las
células cancerosas bajo condiciones hipóxicas (muy poco oxígeno) y mejora
adicionalmente la expresión de las enzimas glicolíticas. La hiperinsulinemia
ejerce efectos adicionales promotores de tumores debido a las derivaciones
estimuladoras de la insulina hacia dichas células tumorales.
Cáncer y microflora
El consumo de alimentos con alto contenido de grasa y bajo
contenido de fibra puede provocar cambios en la microflora que habita el tracto
digestivo humano, lo que conduce a la disminución de la diversidad microbiótica.
Tal alteración está relacionada con una serie de enfermedades, incluyendo el
cáncer.
Durante la obesidad, la composición de la microbiota
intestinal y las propiedades del epitelio intestinal se alteran, lo que resulta
en una disminución de su función. La obesidad también puede causar
sobre-representación de especies bacterianas que producen metabolitos pro-carcinógenos.
La alteración de la flora intestinal también altera la barrera epitelial
intestinal, haciéndola más permeable a los microbios que traspasan la mucosa y
activan las células inmunitarias, así como llegar al hígado a través de la
circulación, todo lo cual aumenta la inflamación sistémica y contribuye a la
producción de citocinas pro-inflamatorias. El uso descontrolado de antibióticos
también puede conducir a la alteración de la microbiota y a la obesidad.
El aumento de la permeabilidad intestinal mostró ser un
contribuyente principal a la tumorigénesis colorrectal, y también puede afectar
el hígado y el páncreas.
Conclusión
La obesidad aumenta el riesgo de desarrollar tumores a
través de una variedad de alteraciones fisiopatológicas incluyendo inflamación
sistémica, desregulación de las adipocinas, resistencia a la insulina con
hiperinsulinemia e hiperglucemia, alteración de la flora intestinal y
alteraciones del sistema inmunológico.
La clave para abordar esto es comprender los mecanismos subyacentes
al aumento del riesgo. Los esfuerzos deben estar dirigidos al desarrollo de la
prevención temprana para los individuos que están en mayor peligro de
desarrollar neoplasia maligna promovida por la obesidad.
Referencia:
https://www.cdc.gov/vitalsigns/obesity-cancer/index.html